domingo, 18 de septiembre de 2011

Debía ser yo la que estaba soñando



Te volví a encontrar dormida pero ésta vez debía ser yo la que estaba soñando. Comencé besando tus pies, continué por tus piernas, peregriné sobre tu contorno, fui poco a poco transitando y callejeando por tu cuerpo hasta llegar a tu cuello. Te mueves ligeramente, entreabres los ojos pero no te despiertas. Sonríes levemente, te vuelves a recostar. Te giras. Me abrazo a ti encajando nuestros cuerpos a través de tu espalda. Suspiro, suspiras. Beso tus mejillas, tus ojos, tu frente, tus labios...
Despiertas. Abres los ojos. Te miro, me miras y sigo pensando que sigo yo la que debe estar soñando despierta en una de mis noches de insomnio, de mis múltiples noches en vela. He despertado un ángel, no es un ángel quién me ha despertado a mí. Observo arbumada y perpleja ésa belleza seráfica, cándida, inmaculada, inocente, pura, tierna y no salgo de mi asombro. 
¡Y es que no me lo creo!. Piel tersa, de porcelana, dulce, de caramelo, ojos verdes, pelo castaño, labios carnosos...Se unen nuestras siluetas. Nos fundimos en una. Mil sentimientos me inundan. Estoy desbordada. No tengo palabras suficientes que, mezcladas con besos, caricias, miradas y ese halo místico que nos envuelve para llevarnos al éxtasis, sean capaz de describir una mínima parte de lo que ocurre en mi interior y en nuestro exterior. Te quiero con los ojos, nos amamos con las miradas. Camino por cada rincón de tu cuerpo sin mediar palabra. Te sigo amando. Te lo digo sin decirlo. Lo sabes, lo sé. Te lo confirmo. Con cada partícula que respiro, te quiero; con cada gesto, te quiero; con cada pequeño aliento entrecortado, te quiero; con cada suspiro, te quiero; con cada movimiento voluntario (e involuntario), te quiero; con cada beso, te quiero...

miércoles, 9 de febrero de 2011

No hay huellas


No hay huellas. No quedan rastros del roce de tu piel sobre mi cuerpo, ni resquicios de caricias en mis sentidos, ni el recuerdo de unos dedos que, sigilosamente dibujaban en mí, sin palabras, tus más profundos deseos. No quedan restos de miradas ardientes, ni suspiros de esos de los que quitan el aire, ni pequeñas burbujas de oxígeno de esas que robaban viento y me dejaban sin aliento. Ya no me falta al aire, me sobra (para compartirlo). Resoplo continuamente a cualquier hora del día. Inspiro, espiro, exhalo, expiro... y muero entre recuerdos que vagamente logro rememorar pero percibo y siento como si fueran reales. Con los ojos cerrados en días como éste en el que te echo de menos y no estás a mi lado. No hay sentimiento, no hay aliento, no hay nada, no hay huellas...

viernes, 14 de enero de 2011

Aniversario

 
No quiero recordar tu aniversario de boda, pero no puedo evitarlo. Rondan por mi cabeza recuerdos tan desagradables como el verte sonreír forzosamente mirando a la cámara y ésta, en un intento por fastidiarme (ya que la fotogenia no es lo mío), luchando contra viento y marea para captar un minuto de una felicidad que podrías haber compartido conmigo en lugar de con otro. Es doloroso verme en un segundo plano entre las fotos, entre esos recuerdos que destrozan mi corazón en millones de pedazos imposibles de recomponer. Es horrible verte irradiar magia y belleza y no tener la oportunidad de ser partícipe de ella (al menos en el modo que me gustaría).
Tampoco quiero imaginar como disfrutas en brazos de otro ni cómo recorres su cuerpo al bamboleo del aroma de su piel, de la excitación del momento, de la locura de un día tan estresante, perfectamente imperfecto y emotivo.
No tuviste valor para darme el lugar que merecía, y yo no puedo seguir cavando túneles entre las paredes de tu castillo para poder visitarte por las noches cuando él duerme o cuando no está contigo. Decidiste casarte con él. Todavía no sé si fue una decisión cobarde o inteligente. Te dará estabilidad, un vida aparentemente correcta y un matrimonio con todas las de la ley (porque si tu y yo nos hubiéramos casado no sé si lo llamarían matrimonio o unión, aunque tampoco me preocupa demasiado el nombre, me importan los hechos).
Quizá tengas hijos, un marido que venga de trabajar a las tantas y que no te preste la atención debida, aunque también tendrás una vida muy cómoda, llena de lujos y de maravillosos actos sociales en el que todas las “felices esposas” comenten entre ellas los regalos de sus maridos que tanto trabajan y “se trabajan a otras”. Yo no te puedo dar eso, ni quiero. No va conmigo. Pero tampoco va conmigo el llevar una doble vida en la que mi sueño hecho realidad no se pueda llegar a consumar por formar parte de una dualidad o de una indecisión personal. O se quiere o no se quiere y ambas cosas con todas las consecuencias. Ser la “amiga” implica ser “la otra”, no tenerte cuando te necesito para compartir las cosas buenas y las malas, no disponer de las atenciones deseadas, no ver tus pelos revueltos por las mañanas, no disfrutar de verte reír mientras duermes ni de ver tus mejillas rosadas de dormir bocabajo estampando tu cara contra la almohada, no poder hundir tu cara en mi pecho ni oler tus cabellos mientras te inundo de besos que van surcando los mares de tu cuerpo para desembocar en tu océano de dudas existenciales (o no). Lo siento, no puedo ser tu amante, ni compartirte. ¡Es que no quiero, porque no sería justo!
Y, sinceramente, yo no valgo para cometer injusticias ni para sufrirlas de manera gratuita...

sábado, 1 de enero de 2011

Año nuevo, ¿vida nueva?


Principios de año. Ya se han quemado todos los trastos viejos, se han tomado las uvas de la suerte, se ha utilizado ropa interior roja para atraer el amor, se ha bebido un sorbo de cava con alguna joya de oro para atraer la buena suerte y hemos llevado a cabo miles de rituales para conseguir nuevos objetivos para el año siguiente. . Sólo hay un día de diferencia entre ayer y hoy y un número el calendario. Porque la vida es la misma. Me levanto con la misma cara, las mismas piernas y veo las cosas exactamente igual que ayer. Si estás sola, sola sigues. Doce uvas no te tren la compañía. Si tienes problemas, ahí siguen, doce campanadas no van a espantarlos. Si eres feliz, seguirás siéndolo porque ni el tañer de las campanas podrán parar ese estado ni las uvas van a hacer que te atragantes de felicidad. Todos esperamos grandes y nuevos cambios al comienzo del año. Cientos de propósitos que no se cumplirán, miles de objetivos que acabarán perdidos a mitad de camino...
Acaba un año, empieza uno nuevo. Se cierra una puerta, se pasa página de un año más en tu vida, se hace balance anual de lo ocurrido, de lo que puedo haber sido y no fue, de lo que fue y será.
Se preparan nuevo objetivos, se buscan nuevos horizontes e, invadidos por el halo del misterio de lo que nos queda por delante, nos llenamos de energía, de voluntad y buenas intenciones (al menos para nosotros mismos).¿No sería mejor llevar éstos pensamientos y reflexiones al día y tener así un mejor año?¿No sería mejor ser constante y reservar y dosificar las energías? Probablemente. Pero somos humanos, emocionales, emotivos, pasionales, impulsivos y sería demasiado perfecto y quizá más aburrido, menos sufrido, menos idílico, menos romántico, más racional y seguramente menos emocionante...

lunes, 27 de diciembre de 2010

No fue importante hasta que dejó de no serlo.


Verás que tiene tu alma en sus manos, que podrá moldearla ella misma porque no te pertenece, ya no te hace caso. No sabes si quiere desprenderse de ella, hacerla trizas, darle forma, (deformarla o convertirla en un objeto de calefacción temporal que utilizará a su antojo, sólo cuando le plazca) o hacer de ella un alma hortera, insípida, sin alma, sin sentimiento, sin voz ni voto, sin nada...
Era importante para tí, pero te diste cuenta tarde (porque cuando estabas con la otra, lo seguía siendo pero, en determinados momentos de éxtasis, ni te acordabas). Ha sido importante, más que ninguna, pero la tentación de tener el poder de seducción activo con más de una persona pudo contigo. Y llegó el engaño. No te traicionó el subconsciente, te traicionó el sexo. Otros lo llaman las hormonas; yo lo llamó consciencia. ¿Se fue?, ¿la perdiste?,¿la aparcaste en una esquina para verla al pasar de nuevo de vuelta a casa?, ¿la dejaste escapar?, ¿se largó sin más?, ¿decidió por sí sola permanecer a oscuras y sin miramientos para pertenecer a otro cuerpo?.
Ahora te arrepientes y haces lo imposible por retenerla a tu lado, por llamar su atención, por hacerle ver que has cambiado, por tener una oportunidad porque te deje amarla como es debido y como se merece. Sin embargo, para ella es tarde, quiere pero no quiere. Te hace creer que no te quiere, sentir que la has perdido. Juega al despiste para despertar tus remordimientos y recrearse de placer en tu dolor mientras lloras amargamente por las esquinas a expensas de un indulto para no ser ajusticiada por una equivocación.
Quizá cometiste un gran error, pero no fue el de perder el norte cuando estabas con ella, sino el de enamorarte. Probablemente haya sido uno de los errores más grandes de tu vida...o no...¿quién sabe?

jueves, 16 de diciembre de 2010

No hay nada más deseable


No hay mujer más deseable que la que no se puede tener ni mito más peligroso que ése mismo. Distinguir la realidad de lo divino es complicado y más si ha sido creado en nuestras mentes alrededor de las luces y sombras de esa ninfa que, te puede sorprender en todos los sentidos (para bien o para mal, a veces los mitos, sólo son eso, algo indescriptible,intangible, que nos entusiasma, nos enloquece, pero que, cuando tenemos la oportunidad de hacerlos reales, nos puede llegar a decepcionar enormemente). No sé si es mejor dejar volar la imaginación que llevar a cabo esa fantasía en la realidad.
Me encierro entre mis pensamientos. Pienso ti. Cojo mi guitarra. Te imagino. Me dispongo a tocar. Y brotas de esas seis mágicas cuerdas insertadas en un escultural cuerpo de mujer. No se si lo estoy viviendo, si lo estoy soñando. Estoy fuera de mi (o perdida en mis adentros). Y tu duende hace brotar de entre mis dedos una melodía llena de turbulentos sentimientos que se entremezclan en mi cuerpo. Te conviertes en la máxima expresión melódica y sensitiva posible que surge entre mis recuerdos. Parca en palabras, rica en música, destructiva en amores, desarmas mis emociones...
Me ahogo. Me cuesta respirar. No puedo gritar, no tengo voz. El eco de mis gritos mudos retumban en el interior de un cuerpo hueco y desolado. Me faltan brazos para poder abrazarte, me faltan besos para retenerte conmigo, me faltan ojos para amarte y me falta el aliento para poder respirarte. Todavía no te has ido y ya te echo de menos. Pero te irás, escaparás de mis sueños, de mi realidad, de mi vida y caerás en otros brazos. Sin embargo, te seguiré deseando, a mi manera, aunque no te pueda tener...

lunes, 13 de diciembre de 2010

Ven...

Ven por mí, sígueme con la mirada, rózame despacio, llévame a otra dimensión sin palabras, sólo con gestos, abrazos y con tus labios. No digas nada, no alces la voz, dime lo justo y necesario con tus ojos, con tu mirada, con tus caricias, pero no digas nada, no hables. Sólo susurra si es necesario, sobran las palabras. Desliza tus dedos suavemente para alejar el cabello de mi cara mientras bajo la mirada, tímidamente, nerviosa, esperando que culmines tu conquista y la selles con un beso. Es la primera vez, nuestra primera vez. Una frente a otra. Me siento torpe. Tiemblo. Respiro de forma entrecortada. ¿Me falta el aire?. No. Me sobra energía para entrelazarla con la tuya y convertir este momento de intimidad creativa en un festival de fuegos artificiales. Fascinada contemplo tu rostro, liso, suave, terso, tus mejillas sonrosadas, tu sonrisa pícara. Me recreo en él y enfoco mi atención hacia esos labios que, ni gruesos ni finos, tienen las imperfección perfecta de poseer la justa medida para encajar con los míos. Se acercan, me acerco, unimos nuestros labios al son de la música y nuestras lenguas danzan al compás de la melodía que marca el momento. Beso tu cuello, me hundo en tu pelo, inundo de besitos tus hombros, mis manos se vuelven locas. Parece que tienen vida propia pero no es más que una ilusión puesto que sé que tu las estás moviendo con los hilos de tus más profundos deseos. Sé que teletransportas tus deseos de tu mente a la mía para dar órdenes a mis manos para que hagan y deshagan a tu antojo.
Detrás de cada una de mis caricias, hay mensaje incorporado. Descífralo y ésta vez seré yo quien te lleve a otra dimensión en la que reinventaré los besos para calmar tu sed. En la que volveré a ingeniar, crear y rehacer el amor de mil y una formas para complacerte. 
Ven...y verás